CENSURA EN EL GRUPO PRISA

 http://escritoresfracasados.blogdiario.com/img/echevarria.jpg  Ignacio Echevarría, uno de los críticos literarios españoles de mayor prestigio, era invitado a abandonar el diario El País a finales del 2004, debido a la publicación de una crítica suya sobre el último libro del escritor Bernardo Atxaga, “El hijo del acordeonista”. Esta crítica fue catalogada en altas esferas del diario como “arma de destrucción masiva”. Ignacio enviaba una carta abierta al director adjunto del periódico Lluís Bassets, en la que denunciaba al periódico por “ejercer de un modo abierto la censura y vulnerar interesadamente el derecho a la libertad de expresión”. Echevarría era colaborador de El País desde hacía catorce años. ¿Qué se esconde tras todo esto? La respuesta es bien sencilla; la novela de Bernardo Atxaga fue publicada por Alfaguara, editorial -precisamente- del Grupo Prisa.

¿Podemos fiarnos de los suplementos literarios de los diarios de este país?

 

A continuación os presentamos la carta abierta de Ignacio Echevarría a Lluis Bassets.

 

 
Estimado Luis,
 
Como esta es una carta abierta, conviene repasar algunos hechos que te son bien conocidos.
 
El pasado 4 de septiembre apareció en Babelia una reseña mía sobre la novela El hijo del acordeonista, de Bernardo Atxaga, por entonces recién publicada. La novela —interesa puntualizarlo— ha sido editada en castellano por Alfaguara, que pagó un importante adelanto para hacerse con ella, y que la lanzó como uno de los "platos fuertes" de la rentrée otoñal. Como suele suceder en estos casos, Babelia prestó una atención especial a la novedad, dedicándole a Atxaga la portada del suplemento y una amplia entrevista. En este contexto apareció mi reseña, que era inequívocamente desaprobatoria del libro, pero que —importa hacerlo constar— me había sido solicitada por la directora del suplemento, María Luisa Blanco, quien antes me consultó acerca de mi opinión sobre Atxaga, respondiéndole yo, sin falsedad, que se trataba de un autor cuya trayectoria venía siguiendo con curiosidad y con respeto.
 
La publicación de la reseña provocó en la dirección del periódico una fuerte conmoción, que se tradujo de inmediato en un pautado despliegue de artículos, entrevistas y crónicas que, en conjunto, apuntaban tanto a paliar y neutralizar los posibles efectos de la reseña como a compensar a Bernardo Atxaga por los perjuicios de todo tipo que ésta pudiera acarrearle. En cualquier caso, la reacción fue tan desproporcionada, que llamó la atención de numerosos medios de prensa españoles, que se hicieron eco de ella de la más variada forma, en general con sorna, pero también con escándalo y con sorpresa.
 
Yo mismo quedé consternado, y más expuesto que nunca a las dudas de siempre, que me asaltaron con especial crudeza. ¿Tiene sentido ejercer la crítica en un medio dispuesto a desactivar los efectos de la misma y a desautorizar a su propio crítico? ¿Tiene sentido tratar de hacer una crítica más o menos exigente e independiente en un medio que parece privilegiar y defender a ultranza, sin el mínimo decoro, los intereses de una editorial que pertenece a su mismo grupo empresarial? Haciendo caso a quienes me recomendaban no abandonar ni ceder terreno precisamente en momentos como éste, me resolví al final a escribir una nueva reseña, apalabrada ya desde meses atrás, y que mandé a la redacción de Babelia el pasado 13 de octubre. Se trataba en esta ocasión de un comentario a El bosque sagrado, un ya clásico libro de ensayos críticos de T.S. Eliot que la editorial Langre, de El Escorial, ha publicado este mismo año.
 
Al poco de ser recibida en el periódico, la reseña fue "retenida" por ti, que diste instrucciones de que no se publicara. Como esta situación se prolongara durante más de dos semanas, me decidí a dirigirte, con fecha del 28 de octubre, una carta en la que te manifestaba mi extrañeza y en la que te pedía explicaciones. Añadía en mi carta que me resistía a aceptar las explicaciones que a mí mismo se me ocurrían, y te recordaba que llevaba catorce años colaborando con el periódico.
 
En la respuesta que me dabas el día siguiente, en carta del 29 de octubre, confirmabas que habías impartido, en efecto, instrucciones de que mi reseña no se publicara, y para justificar esta decisión aportabas unas pocas reflexiones que ponían muy en duda las posibilidades de mi continuidad en Babelia a la luz, sobre todo, del tono en tu opinión demasiado tajante y descalificatorio empleado por mí a la hora de valorar la novela de Atxaga.
 
"Se ha dicho", me escribías, "y supongo que te habrá llegado, que tu crítica era como un arma de destrucción masiva y que el periódico hace mucho tiempo que ha renunciado a utilizar este tipo de armas contra nadie."
 
Tengo entendido que quien dijo esto, y lo dijo a voz en grito, frente a varios testigos, fue Jesús Ceberio, director de El País, el lunes siguiente a la publicación de mi reseña. Y te confieso que, dentro de todo, no deja de resultar halagador, para mí y para el oficio de crítico, que a alguien le quepa pensar que una simple reseña, escrita en el tono que sea, pueda tener los efectos de una arma de destrucción masiva. No deja de resultar cómica, por otra parte, la ocurrencia de emplear la metáfora "arma de destrucción masiva" en estos tiempos que corren. Parece que estamos todos condenados —unos más que otros— a presumir su existencia allí donde no las hay.
 
En tu carta aceptabas tranquilamente la posibilidad de que las explicaciones que yo mismo me daba acerca de lo ocurrido, y que me resistía a aceptar, fueran buenas. Y eso es lo alarmante, pues entre esas explicaciones se cuentan dos particularmente graves. A una ya he hecho referencia al aludir a mis dudas sobre el sentido de tratar de hacer una crítica independiente en un medio que parece privilegiar, con descaro creciente, los intereses de una editorial en particular y, más en general, de las empresas asociadas a su mismo grupo. No parece casual que sea un libro de Alfaguara el que haya alentado tus escrúpulos sobre el tono que eventualmente empleo a la hora de hablar sobre un libro que considero francamente malo. Llevo muchos años empleando un tono muy parecido, y el hacerlo no ha sido hasta ahora motivo de estupor ni de reprobación, más bien lo contrario. Te invito, para comprobarlo, a releer mis reseñas de las últimas novelas de autores como Jorge Volpi (Seix Barral), Antonio Skármeta (Planeta), Jaime Bayly (Espasa) o Lorenzo Silva (Espasa), tanto o más duras que la dedicada a Bernardo Atxaga, todas ellas publicadas en el plazo de un año a esta parte, o poco más.
 
Pero lo que me preocupa de verdad es que El País, del que vengo siendo lector desde hace más de veinte años, y donde vengo escribiendo desde hace catorce, pueda ejercer de un modo abierto la censura y vulnerar interesadamente el derecho a la libertad de expresión, del que tan a gala tiene ser defensor y valedor. Eso, y no otra cosa, es lo que se desprende de la resolución de vetar a un antiguo colaborador por el solo motivo de haber manifestado contundentemente, sí, pero también argumentadamente, su juicio negativo acerca de una novela.
 
Me decías en tu carta que dudabas aún sobre qué hacer conmigo, y me anunciabas, para "los próximos días", una "respuesta completa" a mi petición de explicaciones. Pero ha pasado más de un mes, y supongo que las pobres reflexiones que entonces me adelantabas no han hecho entretanto sino cobrar cuerpo. Con fecha del mismo día 29 de octubre te escribía yo que quedaba a la espera de tu "respuesta completa". Pero no dispongo de una eternidad para eso. Entiendo que la espera ha transcurrido en vano, y soy yo el que de nuevo tomo la iniciativa de escribirte esta carta abierta para esta vez simplemente decirte adiós, y despedirme de paso de los lectores de El País que durante todo este tiempo han seguido, con su aprobación o con sus desacuerdos, mi empeño quizás insensato de perseverar en el cada vez más menoscabado y cuestionado ejercicio de la crítica.
 
Vale.
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TUSQUETS vs PLANETA

Os presento un artículo muy interesante titulado "Vindicación de lo desierto", de Care Santos, publicado en www.literaturas.com. Care Santos cuenta en su haber con varios premios de prestigio. Su última novela "El dueño de las sombras" ha sido publicado por Ediciones B.

«El concurso no podrá ser declarado desierto». «El premio podrá ser declarado desierto». Entre estas dos afirmaciones hay una distancia equivalente a la que separa el Premio Planeta del Premio Tusquets Editores, ambos de novela, ambos convocados por sellos radicados en Barcelona, ambos para autores vivos en español y obras de más de 150 folios mecanografiados a doble espacio por una sola cara. Sin embargo, la distancia entre esas dos afirmaciones les convierten en la cara y la cruz de los galardones literarios en España.
Hace poco estuve en el jurado de un premio que fue declarado desierto. Confieso que esperaba encontrar más reticencia por parte del resto de los miembros y, sobre todo, por parte de la editorial, a ese resultado, que era ni más ni menos que el que yo defendí fervientemente desde el principio de la reunión. Incluso pensaba que no habría nada que hacer, que no querrían escucharme. En otras ocasiones me he enfrentado a miembros del jurado tan aficionados a premiar cualquier cosa, a otorgar distinciones literarias como quien reparte sopa a los pobres, que ya he aprendido con resignación a discutir sólo hasta un cierto punto. No quiero dejarme la salud en la reunión de un jurado, ni conviene gastar energías en asuntos perdidos de antemano.
Sin embargo, esta vez fue diferente. Ninguna de las cinco novelas finalistas se lo merecía, era obvio, aunque alguna apuntara maneras. Unánimemente de acuerdo en lo literario, se pusieron sobre la mesa los otros argumentos: ¿Qué regalará la editorial en Navidad si no hay libro premiado recién salido del horno? ¿Qué ocurrirá con la fiesta de entrega anual pensada como un gran jubileo de la empresa, sin el brillo del ganador? Y uno más, que no afloró, pero debía de estar dentro de la cabeza de los editores: ¿Qué efectos tendrá sobre la tributación de la editorial el ahorro que supone no entregar la cuantía del premio?
El año pasado ocurrieron dos cosas muy representativas en el descabellado mundo de los galardones literarios. El 15 de octubre se entregaba el Planeta en medio del escándalo—ya tradicional, qué bonitas son las costumbres— causado por el desacuerdo de Juan Marsé a premiar la novela ganadora. Al margen del descrédito y hasta el sin sentido que supone que un jurado otorgue un premio mientras uno de sus miembros más destacados descalifica al ganador en público, no sé de qué se extrañó nadie. Las bases del Planeta lo dicen bien claro: «El concurso no podrá ser declarado desierto». Lo cual, en realidad, significa: «El concurso lo ganará la novela menos mala». Planeta otorgó su premio y celebró su fiesta el día de Santa Teresa, como cada año, y la ganadora, por cierto, aportó a la misma un inesperado toque de distinción, elegancia y hasta sex-appeal que, seguramente, gustó mucho a los jerifaltes de la empresa y puede que incluso a Juan Marsé. Y es que algunos escritores —y escritoras— se desempeñan mucho mejor en el salón de los invitados que en la soledad de la página en blanco.
Unas pocas semanas más tarde, un jurado presidido por Alberto Manguel tuvo la valentía de dejar desierto («El premio podrá ser declarado desierto») nada menos que la primera convocatoria del Premio Tusquets de Novela. En las consideraciones del jurado yo, que soy una romántica, veo brillar la luz de la esperanza. Para empezar, se recuerda el propósito del premio, que no es otro sino «recompensar aquella creación literaria que presente méritos excepcionales» (como cualquier ser racional pensaría que debe de ser en estos casos, por otra parte), sin que en la decisión influyan «los intereses de la editorial» o «cualquier otra consideración ajena a la literatura». Ese texto termina con un párrafo modélico, que todos los escritores deberíamos colgar en lugar bien visible frente a nuestra mesa de trabajo (yo lo he hecho ya): «La aparición de una buena novela es fortuita. No depende del ciclo de premios ni puede ser fruto de la cantidad de manuscritos presentados. El jurado confía en que ahora mismo alguien se encuentre escribiendo las novelas merecedoras de este premio en cualquiera de sus futuras convocatorias.»
Yo, como lectora, también confío en ello, y lo deseo. Las razones por las que hace tiempo que he dejado de leer el Premio Planeta son las mismas por las que espero con ansiedad la decisión, a fines de noviembre, del jurado del II Premio Tusquets. Si este año sus «de cinco a siete miembros» encuentran a quien entregar la «estatuilla de bronce diseñada por Joaquim Camps» y los 20.000 euros por duplicado —los de la edición anterior se acumularon a esta, otra originalidad que lo hace único—, tengan por seguro que correré a leer el libro.
En el instante que precede al envío por correo electrónico de este artículo, me asalta la negra sombra de un miedo terrible: ¿Cuántos premios de los que no podían ser declarados desiertos habré ganado? ¿Cuántos ganaré?

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SALUDOS, ESCRITORES FRACASADOS

Queridos amigos -y también enemigos, ¿por qué no?-:
"Escritores fracasados" es un blog independiente cuya única pretensión es dar y buscar respuestas a algunas de las cuestiones más oscuras del mercado literario en España. No pretende demonizar ni ensalzar a nadie, sólo buscar la verdad a cerca de algunas preguntas que preocupan a un gran número de escritores. Por ejemplo; ¿cuántos escritores han fracasado por méritos propios y cuántos por culpa de las políticas editoriales? ¿Cuánto hay de verdad en los premios literarios? ¿Por qué un gran número de premios son ganados por los mismos escritores? ¿Por qué unos escritores son intocables y otros no? ¿Por qué algunos libros que son una auténtica bazofia son publicados e incluso aplaudidos? ¿Por qué algunos escritores que no merecerían ese calificativo cuentan con tanta fama? ¿Qué relación inconfesable existe entre los medios de comunicación, los escritores, los críticos y las editoriales?
Este blog nace por la necesidad de muchos escritores jóvenes que hoy comienzan -y de muchos otros que cuentan con una gran trayectoria pero poco renombre- de encontrar respuestas. Por eso, este blog necesita de vosotros, de vuestras opiniones, de vuestras experiencias y de cualquier información que conozcáis sobre todo esto.
Ánimo.

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